ÉRASE QUE SE ERA UN ESPADACHÍN.
NO CABÍA DUDA ALGUNA QUE ERA EL MEJOR DEL REINO. ERA TAN SAGAZ Y DIESTRO CON LA ESPADA QUE ÉSTA HABÍA CORTADO MUCHAS CABEZAS Y REBANADO MILES CUERPOS QUE TODOS LE TEMÍAN E IMAGINABAN QUE QUIZÁ SE PODRÍA LENAR UN ESTANQUE CON TODA LA SANGRE DERRAMADA. YA NADIE SE ATREVÍA A RETARLO. PERO SUCEDE QUE ESTA VEZ, POR UNA CUESTIÓN DE HONOR, SE ACORDÓ A UN DUELO CON UN HOMBRE EXTRANJERO. SERÍA A LA MAÑANA SIGUIENTE.
EL ESPADACHÍN ESTABA TAN CALMADO QUE ESA NOCHE CENÓ ALGO LIGERO Y SE FUE A DORMIR SIN QUE NADA LE QUITE EL SUEÑO. ESTABA TAN TRANQUILO.
AL DÍA SIGUIENTE SE DIÓ UN BAÑO EN EL ARROYO CERCA A SU CABAÑA Y MEDITÓ UNOS MOMENTOS. SE SENTÍA TAN BIEN.
CUANDO LLEGÓ AL LUGAR ACORDADO EL OPONENTE YA HABÍA LLEGADO Y TEMBLABA. SE MIRARON FIJAMENTE A LOS OJOS Y SE DESPLAZARON POR EL ESPACIO HASTA QUE EL DUELO EMPEZÓ. PELEARON UN BUEN RATO, EL ESPADACHÍN SENTIA SU BRAZO TAN SEGURO Y FUERTE, ERA CASI COMO DANZAR.
DE REPENTE NUESTRO ESPADACHÍN PENSÓ: ¿Y SI ME CORTASEN LA CABEZA?
EN ESE MOEMENTO SU CABEZA FUE SEPARADA DE SU CUERPO Y RODÓ POR EL SUELO.
ASÍ DICEN QUE PASÓ.
POR ESO EL MAESTRO DE MAESTROS DICE: así es la mente, amiga o enemiga. domínala, porque pierdes la concentración, pierdes la cabeza.