Cuentos, cuentos y más cuentos, para colgarlos para robarlos, para que rueden, para que rueden...

Si quieres compartir un cuento sólo envíalo a: brismuqui@gmail.com

6/11/10

Joaninha - por Lorena Best


Ayer llegó a 37 grados!
De un día para otro!!! Intenso….sudoroso, caliente, caliente…ya no importa estar sudado, con la ropa pegada, con esos rastros negros de sudor y hollín en la ropa, en los brazos….
Llegué a casa
Disfrutando esta casa que ya dejo…de la que me despido…..está difícil me ha encantado vivir acá …sin embargo el pasaje para bahia está comprado, el dinero ya puesto en otras cosas y así así como están las cosas…
Optar…
O me quedo
O viajo

De nuevo las alas….viajo!!!! ya a la vuelta me las arreglo….
Vivir sola acá es un sueño…una delicia! Sin embargo, es insostenible, económicamente insostenible….solo lo fue por un tiempo y con deudas enormes…. Bueno no enormes, sino permanentes…je!
Llegará otro tiempo,
El tiempo de armar una casa por mí misma….
Finalmente esta es una casa alquilada, prestada…un día, pronto, se llevarán todo….y pintarán la pared color berenjena de blanco….o la rasparan, para que deje de ser berenjena….no habrán más banquitos ceremoniales enanos….
Ni la hamaca..la hamaca!!!

Anoche llegué y me tiré en la hamaca…..primero fui dejando la ropa en el camino…despegándomela….

Agua agua agua
Un libro que me está interesando y caí en la lectura…
Casi sin aire….la noche joven pesaba
Solo entraba calor y mi piel enmelada…pero leyendo…..poca luz…mucho calor….

Cuando me cansé
Sucedió lo inusitado….
La primera vez….o la primera que tengo recuerdo….

Era poca la luz….

Miré el suelo para apoyarme y levantarme de la hamaca
Y frente a mí ella
Redondita
Caminando veloz con sus patitas de pelitos…patitas invisibles y veloces….

En el piso varias cosas…libros…me gusta tirarme al piso con ellos…luego levantarlos…así todos los días….

Ella redondita como una arveja
No verde, sino roja….
Una mariquita!!! Joaninha! Vaquita de santo antonio!

demasiada belleza....me tiré al piso con cuidado y la seguí la seguí con la mirada….le ponía hojitas como obstáculo…las pasaba…de pronto paraba ..se frotaba y se abrían sus alas rojas, negras por dentro…ella se abría en dos, para cambiar de dirección y seguir veloz
A veces me miraba con sus ojotes blancos….

Espere que confíe en mí…
Solo con los ojos a su altura

Empezó a subir por el cable de la lámpara….temí que llegase al foco….incendiada por el calor

Hice una concha con las manos….demoró, más finalmente me recorrió…las manos, el canto de la mano, el brazo y yo trasladándola de un brazo al otro…..intenté ser suave y llevarla a que sea feliz en las plantas…mientras me caminaba..me tropecé (casí me vuelo el dedo chiquito del pie!!) sangrando…la llevé a las plantas…la deposité y le encantó……

El dedo bien, solo un pedazo medio salido, pero que soldará esta tarde……escandaloso, como todo lo que tiene que ver con los dedos…..

Rojita rojita…con pocos puntitos negros….

Ayer mismo, no resistí me compré un corte de tela rojo con puntitos negros…para hacerme un vestido divertido y coqueto…escotado y de falda volante…para usar con tacos y lentes oscuros gigantes….con bolsita chiquita….de mano….con el pelo levantado y divertirse de la vida con una ropa así al sol…..

Hoy amaneció con lluvia fina…
Hoy saldré a la calle a recordar con pétalos rojos….marcando el camino….
Ahora paró de llover
El sol quiere salir….
Aguardo mirando a los ojos de la mujer tierra…pachamama roja, madre de las papas….
Ella me dirá si quiere que salga a recordar a sus hijos

gracias Lorena, eres mi gran amiga.

23/10/10

Taller de Narración Oral


Sumilla del expositor

Briscila Degregori

Actriz y Narradora de Cuentos egresada del Teatro de la Universidad Católica (TUC) y del plan especial de Bachillerato en Educación para el Arte de dicha universidad. Ha trabajado en obras de teatro y espectáculos de cuentos tanto para niños como para público en general. Ha participado en el festival Nacional de Narración Oral “Déjame que te cuente” 2008, 2009 y como invitada nacional en su V versión internacional en el 2010. También representó al Perú en el festival “Primavera de cuentos 2009” en La Habana (Cuba), “Hablapalabra 2010” en cinco estados de México, “Apthapi 2010” en La Paz, (Bolivia), “Cuento Contigo” en Cochabamba (Bolivia) y en el “VI Festival de Narración Oral Zacatecas 2010” en Zacatecas (México). Su repertorio de narraciones consta básicamente de tradición popular universal y peruana.



El decálogo del narrador oral



1. Créete el mejor contador del mundo
Y esto es tan cierto como cuando tus padres decían con la boca llena que eras el niño o la niña más guapo y listo del planeta. Cuando tu hijo, tus alumnos, tus amigos, o el público te pidan que les cuentes un cuento es porque les gusta oírte narrar.

2. Lee y lee mucho
La lectura te enriquecerá  de ideas. Ampliará tu imaginación y tu vocabulario. Lee cuentos, novelas, artículos, ensayos. Devora todo lo que caiga en tus manos hasta el empacho. Tendrás suficiente material para contar. Y no olvides al final nombrar al autor del cuento. Recuerda que el cuentacuentos hace también una función importante como animador a la lectura.

3. El ridículo no existe
Forma parte de los miedos internos y nos impide avanzar. Deshazte de él. Lo peor que te puede suceder es no llegar a compartir el cuento con nosotros. El ridículo es una actitud social: pasearse desnudo por la calle puede hacernos sentir ridículos ante la mirada de otros, en cambio en las tribus amazónicas lo extraño es ir vestido.

4. Disfruta el cuento
Si te entra risa, ríete a carcajadas. Si te apetece llorar, hazlo. La relajación del cuerpo comienza cuando dejamos que las emociones afloren.

5. Habla con el cuerpo
Utiliza el cuerpo para expresarte. No solo las palabras dan información, también los gestos hablan por ti. El primer artista que hizo pantomima, en el año 240 a.C., fue el griego Livius Andronicus. Según cuenta la leyenda recurrió al gesto para dar a conocer sus poemas al perder la voz tras numerosas representaciones. Con el cuerpo se puede dibujar en el aire una ola de mar, expresar misterio levantando las cejas, ralentizar una escena con movimientos lentos de las piernas, hacer un interrogante ladeando la cabeza. Y todo ello sin dejar de mirar a los ojos del oyente. Ten en cuenta que se desconfía de la persona que no nos mira a los ojos, y hasta sentimos que cuando dejan de mirarnos no nos escuchan. De ahí que a menudo oigamos eso de “mírame a los ojos cuando te hablo”.

6. Utiliza un lenguaje sencillo y coloquial
Narrar es un acto de comunicación. Cuanto más natural sea tu lenguaje mejor y más rápido se adentrarán en el cuento. Antonio Machado cuenta una anécdota que le ocurrió a Juan de Mairena en su clase de Retórica y Poética cuando pidió a un alumno que escribiera en la pizarra la frase “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”. El alumno escribió lo que le dictó. Luego Mairena le pidió que escribiera eso mismo en lenguaje poético. El alumno, después de meditar, escribió: “Lo que pasa en la calle”. Mairena contestó: “No está mal”.

7. No lo digas, muéstralo
De nada sirve describir a Caperucita roja como una niña que vivía en un pueblo. Decir que vivía en un pueblo, es lo mismo que decir que alguien vivía allí. Las palabras genéricas, intangibles del tipo allí, pueblo, niña, amor, vida, gozo, tristeza, no muestran. Para que los cuentos funcionen hay que crear con palabras una imagen que el oyente pueda fotografiar en su mente. Gabriel García Márquez podía haber comenzado Cien años de soledad diciendo que Macondo era el pueblo de Aureliano. Pero como pueblos y Aurelianos hay muchos, García Márquez no se conformó con decirlo, sino que lo mostró: «Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos».

8. Mastica las palabras
No te aceleres al narrar, tómate tu tiempo. Respira. Haz pausas. Pronuncia de forma clara las sílabas. Deja que se deleiten con tus palabras y dales tiempo a que visualicen todo lo que va ocurriendo en la narración.

9. Si un cuento no te gusta, no lo cuentes
No te dejes impresionar por el nombre del autor, da igual si se trata de Jorge Luis Borges, Kafka, los hermanos Grimm, Oscar Wilde o tu primo. Si el cuento no te motiva lo suficiente, difícilmente podrás transmitir emoción a los otros. Busca otro relato, leyenda o mito. Hay muchos cuentos que te esperan para ser contados.

10. Miente siempre
No hay nada más aburrido que la realidad cotidiana. Contar que el ratón Ramón se levantó, desayunó un vaso de leche y se fue al colegio, resulta tedioso aunque se trate de un ratón. Miente. Inventa. Haz soñar. «Una vez en Bolonia hicieron un edificio de helado, en la mismísima Plaza Mayor, y los niños venían de muy lejos para darle una chupadita.» Gianni Rodari, El edificio de helado.

14/8/10

11/8/10

una reflexión para cuenteros de corazón

El Blog de un cuentero que admiro: Aldo Mendez

5/8/10

EL ORIGEN DE LA MUERTE



Hace mucho, mucho tiempo atrás, los hombres nacían sobre la Tierra, crecían hasta hacerse ancianos, y una vez viejos, se aburrían del mundo, pues la vida no tenía final.
En ese entonces, adornaban los cielos El Sol y su esposa La Sol. Cada mañana, muy temprano, danzaban a los cielos, iluminando cada rincón de la Tierra. Al atardecer, muy despacio, se retiraban a descansar y ascendían entonces a iluminar la noche El Luna y su esposa La Luna. Y todo esto pasaba así, cada día, y los hombres contemplaban sus danzas extasiados.
Una noche, justo antes del atardecer, La Sol se distrajo con el vuelo de unas aves, y emprendió el descenso con retraso. Al subir El Luna con su esposa, no pudo evitar cruzarse con La Sol, y el amor surgió con la fuerza de los astros.
Desde ese instante, El Luna no pudo dejar de pensar en La Sol, y La Sol no pudo dejar de pensar en El Luna. El amor fue más fuerte que la razón, y un atardecer en que El Sol bajaba a descansar con su esposa, las miradas se cruzaron, los impulsos se impusieron, y al ascender El Luna entendió que era el momento, tomó de la mano a La Sol y escaparon al otro lado de la Tierra, dando inicio a una pasión que nunca se había visto ni por el más anciano de los hombres.
El Luna y La Sol dieron rienda suelta a sus amoríos. Se amaban entre las estrellas, sobre los campos y sobre los bosques, sobre los pueblos y los cultivos, en los valles más profundos y en las cumbres más inalcanzables. Sus pasiones generaban eclipses, y se alteraban los animales y los ciclos agrícolas. Algunas veces se amaban en los cielos, y otras en la Tierra. Y cuando sucedía esto último, La Sol con su estela de fuego generaba incendios, y las llamas consumían los prados, los animales y los pueblos. Se perdían las cosechas, y los palacios concluían en cenizas. 
Y mientras tanto, El Sol y La Luna continuaban con sus labores, pero ya no danzaban, y los cielos eran más tristes.
Entonces, ante tanta destrucción y desorden, los hombres decidieron hacer algo al respecto. Buscaron por toda la Tierra hasta dar con el mejor cazador de los hombres, un hombre fuerte y decidido, cuyo arco era capaz de enviar flechas más allá del horizonte. El cazador recibió tres doncellas como adelanto, y emprendió la cacería.
Atravesó los mares, las selvas y los páramos. Las cordilleras, los ríos y los desiertos. Pero el cazador solo encontraba destrucción y cenizas a su paso. Hasta que un día, cuando el cielo empezaba a vestirse de morado y las primeras estrellas subían al cielo, el cazador, escondido tras un frondoso arbusto, divisó a El Luna y La Sol recostados sobre un pastizal, contemplándose el uno al otro después del amor. 
El cazador, sigiloso, cogío una flecha, templó su arco hasta casi romperlo, y disparó certeramente al corazón de La Sol, quien mortalmente herida explotó en una llamarada que borró el atardecer y desapareció. 
Entonces, sin poder creer lo que veían sus ojos, El Luna ascendió a los cielos y temblando de dolor, empezó a llorar, a llorar sin consuelo, y sus lágrimas brotaron de sus ojos como el más feroz de los caudales, y a medida que lloraba, se iba deshaciendo en sus propias lágrimas, lágrimas que al caer sobre la Tierra, dieron muerte a los hombres que miraban sorprendidos el espectáculo celestial. Muchos sobrevivieron, al refugiarse en sus casas, en las cavernas y bajo las copas de los más tupidos bosques. 
Pero desde entonces, los ancianos empezaron a morir, y en el cielo quedaron para siempre, durante el día, El Sol, y durante la noche, La Luna, y cuando se dirigían a descansar, lo hacían sin mirar atrás, presurosos, en compañía de su soledad. 


DE LA MITOLOGÍA HINDÚ, RESCATADO DE UN DOCUMENTAL DE FILM & ARTS POR RICARDO ICAZA.