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25/2/11

Katip, la Rata, enseña a dar a luz a la mujer Aguaruna


Antes las mujeres aguarunas y huambisas ignoraban la forma de dar a luz. No sabían tener un hijo como las mujeres de hoy en día. Cuando ya estaban bastante gordas, más o menos al séptimo mes de embarazo, los hombres le hacían un corte en el vientre y les sacaban la criatura. Muchas mujeres morían así por causa de infecciones. Y por eso, los hombres eran los que criaban y amamantaban a los bebés aguaruna y huambisas. Los hombres de aquellos tiempos tenían los pechos muy desarrollados.
Una vez, en los tiempos atrás, un hombre tenía su señora. Cuando notó que su señora estaba bien embarazada, el hombre con una astilla de bambú o guayaquil le rajó la barriga y le sacó la criatura. Su mujer, sangrando y sangrando, murió. Antiguamente, el hombre, si veía que la criatura recién nacida era varón, en ocasiones ahí mismo lo mataba. Y si era mujercita, él mismo la criaba y le daba de mamar con su propio pecho. Aquella vez nació una mujercita.
Cuando esta niñita se fue haciendo grande, su mismo padre la hizo quedar embarazada. Al calcular que era el tiempo oportuno le abrió el vientre y sacó al nuevo bebé. Como era varoncito, ésta vez lo mató. Como se quedó sin hijo y sin mujer, pronto jaló otra mujer de un caserío cercano y se la llevó a su casa.
Al poco tiempo su nueva señora quedó también embarazada. Empezaba a sentir los dolores del parto y estaba muy apenada porque se acercaba el dia de dar a luz y sabía que su marido iba a sacarle la criatura rajándole la barriga. Su marido le había dicho:
-vete a la chacra a sacar maní mientras yo voy al bosque a cazar algún animal. Cuando regrese de montear cortaré tu barriga para sacarte el hijo.
La mujer se fue entristecida a la chacra y se puso a sacar la cosecha de maní. Cuando estaba así preocupada y llorosa, llegó a la chacra Katíp, la rata, con todas sus crías alrededor. La rata decía a sus hijitos:
-saquen ese maní.
Y los ratoncitos sacaban ese maní. Y cuando estaban así sacando, Katíp escuchó que la mujer aguaruna lloraba desconsolada y angustiada. Katíp, la rata le preguntó:
-       mujer, ¿por qué lloras?
Y la mujer le contestó:
            -porque cuando regrese a mi casa mi marido me va a rajar la barriga para sacarme al bebé y voy a morir. Porque yo no sé tener un hijo.
Y Katíp le respondió:

-¿Cómo es posible que no puedas tener tu bebé siendo tremenda mujer? ¿cómo siendo yo tan pequeñita sé tener bebés sin dificultad? Yo te enseñaré a dar a luz sin mayores fatigas, pero a cambio tú regálame toda la cosecha de maní de tu chacra.
La mujer dejó de llorar y rogó a Katíp que le enseñase a tener hijos. Pero Katíp le explicó:
-       mira, busca primero a Utu, el cuy hembra y dile que te enseñe a dar a luz. Si Utu te enseña, al nacer tus hijos rápido se pondrán de pie y podrán caminar en seguida.
La mujer buscó a Utu y la encontró que estaba atareada en comer yuca de una chacra. La mujer le suplicó:
-¡hermana! ¡Enséñame a tener hijo!
Pero cuentan los viejos aguarunas y huambisas, que Utu, entretenida en comer yuca y por pereza, no quiso atender a la mujer.
La mujer regresó a su chacra de maní y le contó a Katíp que Utu, el cuy, no había querido ayudarle. Entonces Katíp le dijo:
-       No te preocupes, te voy a enseñar.
La mujer regaló abundante maní a Katíp para sus crías y Katíp empezó a enseñar a la mujer cómo tenía que hacer para dar a luz sin dificultad:
-       Mira, en primer lugar hinca dos palos en el suelo y en ellos colocas un travesaño arriba. En el suelo extiendes hojas de plátano. Luego te agarras con tus dos manos al travesaño y te cuelgas con las rodillas en el suelo, las piernas bien abiertas.
La mujer iba haciendo lo que Katíp, la rata, le explicaba. La mujer se agarró del palo atravesado y se colgó poniéndose de rodillas con las piernas lo más abiertas posible. Katíp siguió enseñando:
-       Ahora vas a respirar fuerte y despacio.
Y mientras la mujer respiraba profundamente, Katíp apretó su barriga y la mujer dio a luz sin dificultad cayendo la criatura sobre las hojas de plátano.
La mujer estaba contentísima. Casi sin ningún dolor había dado a luz a su hijo. Katíp también le enseñó a botar la placenta:
-       para botar la placenta se introduce una ramita de yuca por la nariz para provocar el estornudo.
Y diciendo esto Katíp metió una ramita de yuca por la nariz de la mujer. La mujer estornudó fuerte y en ese momento de desprendió la placenta y cayó sobre las hojas de plátano.
La mujer bien alegre, con su hijito en brazos, agradeció a Katíp su ayuda y sus enseñanzas y se dirigió a su casa. Allí ya le estaba esperando su marido con el cuchillo de bambú preparado para cortarle la barriga.
Cuando el marido vio que llegaba la mujer con el bebé en los brazos se molestó enormemente y lo habló así a su mujer:
-       ¡ahora críalo tú misma!
Diciendo así, el hombre se cortó los pechos y se los tiró a su mujer. Un pecho le dio a la mujer delante y otro en su espalda. Pero después también se lo colocó delante de la mujer y desde aquél día las mujeres tienen los pechos desarrollados y pueden dar de mamar a sus hijos.
Así como las mujeres aprendieron a antiguamente a dar a luz a sus hijos y a ser madres.
Y cuentan también los viejos del caserío, que si Utu, el cuy hembra, hubiese enseñado a aquella mujer a dar a luz cuando se lo pidió, los niños al nacer se pondrían de pie enseguida y rápido aprenderían a caminar, pero como, por pereza, Utu no quiso enseñar a la mujer, ahora las criaturas tienen que esperar más de un año para poder caminar.



Mitos e historias aguarunas – Mitos de origen

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