¿Quiénes son los salvajes?

Los pemónes de la gran sabana llaman al roció:
Chirike-yeetakuú
Que significa, saliva de la estrellas

A las lágrimas:
Enú-parupué
Que quiere decir, guarapo de los ojos

Al corazón:
Yewán-enapué
Que significa, semilla del vientre

Los waraos del delta Orinoco le dicen:
Mejo-koji
que significa, El sol del pecho

Para nombrar el alma, para decir amigo dicen:
ma-jo karaisa
Mi otro corazón

Para decir olvidar dicen:
Emonikitane
Que quiere decir, perdonar

Los muy tontos no saben lo que dicen

Para decir tierra, dicen: madre

Para decir madre, dicen: ternura

Para decir ternura, dicen: entrega

Tienen tal confusión de sentimientos
Que con toda razón,
Las buenas personas que somos
Los llamamos salvajes.

LEYENDA DE NAYLAMP




Dicen los naturales de Lambayeque, que en tiempos muy antiguos que no saben numerarlos, vino de la parte septentrional de este Perú, con gran flota de balsas, un hombre de mucho valor y calidad llamado Naymlap que traía consigo muchas concubinas, mas la mujer principal dícese haberse llamado Ceterni.Este señor Naymlap con todo su séquito vino a asentarse y tomar tierra en la boca de un río (ahora llamado Faquisllanga) y habiendo dejado allí sus balsas, entraron en tierra adentro, deseosos de hacer asiento en ella, y habiendo andado por espacio de media legua, fabricaron unos palacios a su manera, a los que llamaron Chot, y en esta casa y palacios pusieron con devoción bárbara un ídolo que consigo traían a semejanza en el rostro de su mismo caudillo (labrado en una piedra verde), a quien llamaron Llampayec (que quiere decir figura y estatua de Naymlap).


Trajo en su compañía mucha gente, que como capitán y caudillo lo venían siguiendo, más los que entre ellos tenían más valor eran sus oficiales que fueron cuarenta.



Habiendo vivido, esta gente, muchos años en paz y quietud, y habiendo tenido su señor y caudillo muchos hijos, vino el tiempo de su muerte, y a fin de que no entendiesen sus vasallos que la muerte tenía jurisdicción sobre él, lo sepultaron escondidamente en el mismo aposento donde había vivido y publicaron por toda la tierra que él, por su misma virtud, había tomado alas y había desaparecido.


Fue tanto los que sintieron su ausencia, aquellos que en su venida lo había seguido, que aunque tenían ya gran copia de hijos y nietos, y estaban muy apasionados en la tierra fértil, lo desampararon todo y sin tiento ni guía salieron a buscarlo por todas partes, y así no quedó por entonces en la tierra más que los nacidos en ella, que no era poca cantidad.


Quedó con el imperio y a mando del muerto Naylamp, su hijo mayor Cium el cual se casó con una moza con quien tuvo doce hijos varones, cada uno de los cuales fue padre de una copiosa familia.


Habiendo vivido y señoreado muchos años, Cium, se metió en una bóveda bajo tierra y allí se dejó morir (todo ello a fin de que su posterioridad lo tuviese por inmortal y divino).


Durante la vida de Cium, se apartaron sus hijos a hacer principio de nuevas familias y poblaciones, llevándose consigo mucha gente.


A la muerte de Cium, le sucedieron 8 gobernantes, siendo el último de ellos Fempellec, quien fue el último y más desdichado de esta generación, porque puso pensamiento en mudar a otra parte aquella Guaca o ídolo que Naylamp había instalado en el asiento de Chot.


Andando y probando en este intento, no pudo salir con él y a deshora se le apareció el demonio en forma y figura de hermosa mujer, y tanta fue la falacia del demonio y tan poca la continencia de Fempellec, que durmió con ella. Acabado de perpetuar ayuntamiento tan nefando, comenzó a llover (cosa que jamás habían visto en estos llanos) y duró este diluvio treinta días, a los cuales sucedió un año de mucha esterilidad y hambre, pues, como a los sacerdotes de sus ídolos les fuese notorio el delito cometido, decidieron tomar venganza (olvidados de la fidelidad de los vasallos), aprendieron a Fempellec y atado de manos y pies, lo echaron en lo profundo del mar, y así con él se acabó la línea y descendencia de estos señores naturales de Lambayeque, así llamado por aquella Guaca (o ídolo) que Naymlap trajo consigo, a quien llamaron Llampayec.


Fuente: Lambayeque, 8° edición, Eddy Montoya Peralta. Rodado por Fernando Angulo El Croma

HISTORIA DE LA RESURRECCIÓN DE UN PAPAGAYO



El papagayo cayó en la olla que humeaba. Se asomó, se mareó y cayó. Cayó por curioso, y se ahogó en la sopa caliente. La niña , que era su amiga, lloró.
La naranja se desnudó de su cáscara y se le ofreció de consuelo.
El fuego que ardía bajo la olla se arrepintió y se apagó.
Del muro se desprendió una piedra.
El árbol, inclinado sobre el muro, se estremeció de pena, y todas sus hojas se fueron al suelo.
Como todos los días llegó el viento a peinar el árbol frondoso, y lo encontró pelado. Cuando el viento supo lo que había ocurrido perdió una ráfaga.
La ráfaga abrió la ventana, anduvo sin rumbo por el mundo y se fue al cielo.
Cuando el cielo se enteró de la mala noticia se puso pálido.
Y viendo al cielo blanco, el hombre se quedó sin palabras.
El alfarero de Ceará quiso saber.
Por fin el hombre recuperó el habla,
Y contó que el papagayo se había ahogado
Y la niña había llorado
Y la naranja se había desnudado
Y el fuego se había apagado
Y el muro había perdido una piedra
Y el árbol había perdido las hojas
Y el viento había perdido una ráfaga
Y la ventana se había abierto
Y el cielo había quedado sin color
Y el hombre sin palabras.
Entonces el alfarero reunió toda la tristeza. Y con esos materiales, sus manos pudieron renacer al muerto.
El papagayo que brotó de la pena tuvo plumas rojas del fuego
Y plumas azules del cielo
Y plumas verdes de las hojas del árbol
Y un pico duro de piedra y dorado de naranja
Y tuvo palabras humanas para decir
Y agua de lágrimas para beber y refrescarse
Y tuvo una ventana abierta para escaparse
Y voló en la ráfaga del viento.

Eduardo Galeano

Ésta es una historia popular africana, que el genial Galeano nos trae con un plus super curioso, no hay ilustrador: hay escultor. Antonio Santos nos sorprende con este toque particular y poco común.


EL SABIO


Se cuenta que el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver qu el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Los únicos muebles eran una mesa, una cama y un banco.

-¿dónde están tus muebles? preguntó el turista. Y el sabio, rápidamente también le preguntó:

¿y dónde están los tuyos...?

-¿los míos?, se sorprendió el turista. ¡pero si yo estoy aquí solamente de paso!

-Yo también... concluyó el sabio.


(algunos viven como si fueran a quedarse eternamente)

HOMOSEXUALIDAD Y REVOLUCION - Antonio Rengifo


Me causó sorpresa que mi amigo holandés me pidiera, aquí, en Lima Perú, espectar danzas afroperuanas y no andinas. Para complacerlo lo conduje a la peña La Valentina en La Victoria Pero más grande aún fue mi sorpresa luego de comprar los boletos y caminar hacia la puerta de ingreso; leí un letrero: solo se admiten parejas. Sofrené mi impulso y dije: ya nos jodimos. Gerard, con suma naturalidad me tomó del brazo e ingresamos.

Indudablemente que el letrero se refería a parejas de diferente sexo. Así lo entendí yo y cualquier peruano, pues estábamos en la década del 70 del siglo pasado, durante el gobierno revolucionario del General Velasco. Nos dejaron pasar, tal vez, porque Gerard era rubio y extranjero Y eso, en nuestro país, es un “privilegio”; en cambio, la homosexualidad es considerada una aberración.

Antes de empezar el espectáculo que calentó el ambiente de una noche invernal; Gerard me dio una explicación por si acaso hubiera herido mi susceptibilidad de macho peruano; me dijo que cuando estuvo en Cuba revolucionaria dictó una conferencia a los jóvenes universitarios y tocó tangencialmente la homosexualidad. Al finalizar la conferencia intervinieron los estudiantes Uno de ellos le dijo que en La Habana la homosexualidad era un problema y que él, como sociólogo, les diera alguna recomendación para erradicar el problema. Gerard le respondió que en Ámsterdam -la ciudad en donde vive- no existe ese problema. El estudiante replicó: ¡Ah! Seguramente, es porque en Ámsterdam no hay homosexuales.

Es obvio que el problema social no son los homosexuales que, por lo demás, existen y existirán en todas las clases sociales, grupos étnicos y ocupacionales sin excepción. El problema es la sociedad que genera la desigualdad social y es gobernada por una dictadura homofóbica y machista; viola los derechos humanos, excluye y reprime, bajo formas crueles o sutiles, a los que considera inferiores o anormales; entre ellos, a los homosexuales. .

Para esa sociedad el delito más horrendo de todos es la subversión. Y los homosexuales son subversivos por trasgredir el orden establecido. Se les considera peligrosos, una lacra. Por eso se les estigmatiza con epítetos peyorativos. Sin embargo, los homosexuales, como cualquier otro ser humano, han hecho aportes importantes para el mejoramiento social. Uno de ellos fue Federico Engels, quien con su entrañable amigo Carlos Marx fundaron el socialismo revolucionario. Pusieron los fundamentos para lograr la justicia social que es la meta del cambio de la sociedad.

Los homosexuales, especialmente los pobres, son por ahora un sector vulnerable de la población; pero a la vez, también son potencialmente revolucionarios por su condición en la sociedad. De esta potencialidad ya ha dado muestras el sector más esclarecido de ellos al pronunciarse públicamente sobre los recientes sucesos de Bagua y expresar su solidaridad con los nativos de la selva.

A la estigmatización de los homosexuales han contribuido las religiones de la verdad única e imposición universal. Han apelado al terrorismo sicológico. La Biblia esta preñada de condenas a la homosexualidad. Hace pocos años y en nuestro país el arzobispo Cipriani en una homilía del domingo 11 de junio del 2000 afirma: La mujer es mujer y el hombre es hombre. Lo demás, no es un proyecto del creador. Asimismo, la Comisión Episcopal Peruana en un comunicado del mismo mes y año corrobora: La homosexualidad es una desviación pecaminosa. No solo es la iglesia católica, los grupos evangélicos también muestran una enorme intolerancia hacia los homosexuales.

En ese frente amplio contra los homosexuales, también los partidos políticos tienen su ubicación. Ningún partido incluye en su programa la reivindicación de los derechos de los homosexuales. Los partidos conservadores mantienen una ominosa ausencia en sus programas y los partidos políticos que se autoproclaman revolucionarios no los omiten, pero los mencionan para amenazar con erradicarlos por medios violentos.

No tenemos la menor idea de la fuerte presión social que induce a los homosexuales a llevar una doble vida, al suicidio o a buscar refugio ilusorio en las drogas o en una enfermedad mental. Tampoco tenemos idea de la cantidad de homosexuales que son víctimas propiciatorias de chantajistas y de asesinos desquiciados que proceden con sevicia.

Ha llegado el momento de lanzar la consigna estratégica: la igualdad ante la ley en una sociedad igualitaria. Se sabe, por los antecedentes históricos, que sin lucha no se obtienen las reivindicaciones sociales. Destruir la ideología dominante de la clase dominante no es poca cosa; pues, las ideas falsas pueden ser tan eficaces como las verdaderas. En ese enfrentamiento y en un primer momento se necesita estar premunido de las armas de la crítica.

16/07/2009

NUESTRA PROPIA CANCIÓN - Tolba Phanem



Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño.
Ellas saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito. Las mujeres encuentran la canción, la entonan y cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás.
Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción.
Luego, cuando el niño va a comenzar su educación, el pueblo se junta y le canta su canción.
Cuando se inicia como adulto, nuevamente se juntan todos y le cantan.
Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción en voz de su pueblo.
Finalmente, cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama y del mismo modo que hicieron en su nacimiento, le cantan su canción para acompañarle en el viaje.
En esta tribu, hay una ocasión más en la que los pobladores cantan la canción.
Si en algún momento durante su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se le lleva al centro del poblado y toda la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces... le cantan su canción.
La tribu sabe que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo, sino el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros.
Tus amigos conocen tu canción, y te la cantan cuando la olvidaste. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que a veces muestras a los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás quebrado, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido.
"No necesito una garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y sopla en mi alma como el viento, refresca mi corazón como la lluvia y limpia mi mente como el humo del fuego sagrado".

Tolba Phanem, poeta afrikana
Texto extraído de la web

EL MILAGRO DE BEETHOVEN - de Antonio Rengifo Balarezo



La novena sinfonía de Beethoven es patrimonio cultural de la humanidad por declaración de la UNESCO y, desde 1985, el último movimiento, es el himno oficial de la Unión Europea.

La Coral, como también es llamada, fue escuchada por primera vez en Viena el 7 de mayo de 1824. Encantó al auditorio de aquella época y continúa despertando entusiasmo desbordante que patentiza la genialidad del autor y consagra a su obra como clásica.

Nunca se sabe las consecuencias que desencadenará una obra de arte cuando se independiza del corazón de su creador. En tal sentido, quiero expresar mi gratitud a Beethoven (1770-1827) por el milagro concedido. Les narraré, brevemente, cómo ocurrió tal prodigio.

Sabía, por el lejano horizonte histórico, que algunos personajes célebres tuvieron esposas terriblemente habladoras. A mí, sin ser célebre, me tocó una mujer similar. Se llama Parlera. Tiene pelo negro, lacio, cara de pajarito y amplias caderas. Es profesora y dirigente gremial en la universidad. Trabaja mayormente hablando.

Sin embargo, para Parlera no era suficiente hablar horas de horas diariamente dictando clases y tomando la palabra en asambleas de profesores, aún así le quedaba vigor para sobresaturar otros espacios sociales hablando y reconviniendo. Nuestro hogar fue otro de sus auditorios.

A Parlera la conocí en la Facultad de Letras de nuestra querida universidad. Era una joven inquieta: intervenía en las clases y en las asambleas estudiantiles; actitud poco común en las mujeres de aquella época. Nos impactó la Revolución cubana, la guerra en Vietnam, el auge de los movimientos campesinos en nuestra patria y los movimientos barriales en la ciudad de Lima. Habíamos estado juntos en nuestras luchas estudiantiles contra el aprismo. Para decirlo con otras palabras, teníamos afinidad política. Yo, sumamente idealista, creí que la afinidad política lo determinaba todo, incluso una convivencia armoniosa. Así es que apenas egresamos de la universidad nos casamos.

En los primeros años de matrimonio nuestra casa estuvo muy animada; tuvimos nuestros hijos y concurrían frecuentemente mis amigos de barrio y nuestros amigos de la universidad; ya que fui el primero de mi generación en casarme.

Cuando nuestros amigos les preguntaban a nuestros pequeños hijos cuántos años tenían, cuáles eran sus nombres; Parlera, inmediatamente, respondía por ellos y así con cualquier otra pregunta. Y si alguno de ellos tenía una idea original o independencia de criterio, argumentaba hasta doblegarlo, sin tener en consideración que eran niños.

Las conversaciones amigables y hasta cierto punto frívolas se trasformaban, fortuitamente, en duelos verbales porque no toleraba la disensión. Peor aún cuando se trataban temas ideológicos o políticos. Parlera creía saber de todo y ser dueña de la verdad. ¡Pobre de aquel que osara rebatirla! Se exponía a los tormentos de su interminable perorata y terminaba abandonando la discusión por agotamiento. Varias veces por su desatino o impertinencia se enturbió una reunión festiva.

El día de mi cumpleaños monopolizaba la conversación; ella era el centro de la reunión; yo y los concurrentes sólo existíamos para escucharla. Como esa actitud de Parlera se repetía todos los años le pedí que el día de mi cumpleaños solamente me regalara media hora de su silencio. Pero, como era previsible, nunca recibí tal regalo. Como también era de esperarse, nuestros amigos y hasta mis padres se fueron alejando con discreción. Quedamos, mis hijos y yo, a su merced.

Aunque yo cedía en las discusiones de pareja los conflictos no amenguaron. Parlera se descontrolaba y mis hijos se alarmaban. Me pedían que no la contradijera en nada para que no gritara ni ellos se sintieran nerviosos. A mi hija mayor, aún niña, las discusiones hogareñas le desencadenaban crisis asmáticas.

A pesar de la invocación de mis hijos, una vez me propuse emplearme a fondo en la discusión y sostener mi argumentación hasta las últimas consecuencias. Parlera no escuchaba ni dejaba resquicio para un dialogo fructífero; sin embargo, logré desarmarla y se sintió como un insignificante gorgojo. Lloró lastimeramente, pero, luego se repuso. En cambio, yo quedé extenuado y dispuesto a no repetir el tremendo esfuerzo.

Algunas veces huía para no escuchar a Parlera. Me iba a otra habitación o salía de la casa a cualquier lugar; pero no me libraba de ella, pues era persecutoria. Sabía cual era su arma letal.

En aras de la convivencia familiar armónica y para no alarmar a mis hijos, le propuse un pacto de una sola cláusula: evitar las discusiones en presencia de nuestros hijos. Parlera aceptó de inmediato, pero ¡vano deseo el mío! nunca cumplió el pacto; reincidió muchas veces con lo que desvirtuó lo pactado.

Para sobrellevar la situación conflictiva opté por fumar en pipa, la pipa de la paz; pero, los efluvios aromáticos del tabaco no aplacaban a Parlera ni tampoco yo lograba sosegarme.

En mi búsqueda por encontrar la forma de neutralizar la ansiedad verbal de Parlera me acordé de una creencia popular: cuando una mujer es conflictiva y habladora se debe a que no tiene marido; o, si lo tiene, el marido no la deja privada; en otras palabras, no la satisface plenamente. Y me dije: posiblemente no me doy cuenta que tiene alguna carencia al respecto. Entonces, apliqué todos mis recursos para intensificar los placeres que dimanan de la sexualidad. Esta tentativa, tampoco surtió efecto. Parlera, no se relajaba plácidamente, rápidamente se reponía y muy oronda volvía a las andadas.

¿Qué hacer? ¿Se avendría a un tratamiento psiquiátrico? Lo que me pareció difícil, resultó fácil. Conversé con Parlera y me puso dos condiciones. Que ella le tuviera confianza al psiquiatra y que el tratamiento fuera para los dos. Acudí donde un amigo común y reputado psiquiatra; cuya esposa era psicóloga y también amiga nuestra. El amigo psiquiatra me dijo optimistamente que la mayoría de enfermedades psiquiátricas eran curables, excepto las de origen orgánico y se ofreció gentilmente a tratarnos.

Acudimos a nuestra primera cita. Desde un principio Parlera cuestionó los conocimientos del psiquiatra y definió los términos en que debía desenvolverse la presente reunión y las futuras que tuviéramos. La reacción de nuestro amigo psiquiatra fue expulsarla de su consultorio con términos enérgicos. Parlera tuvo que salir. Yo me quedé. La esposa de mi amigo le dijo que no hubiera perdido la paciencia. ¡En fin…!

Si con nuestro amigo psiquiatra hubo una sesión interrumpida abruptamente, no fue así con una psiquiatra del hospital Larco Herrera a quien ella le tenía confianza. Esta vez, Parlera llegó a la tercera sesión. Pues, solo desertó cuando la psiquiatra estableció ciertas medidas que ambas partes debíamos de cumplir. Adujo que la psiquiatra se parcializaba conmigo.

Estuve desorientado, pero siempre aguzando el ingenio pues, era una cuestión de sobrevivencia. Me acordé de una historia pintoresca que me contó un amigo que intimó ocasionalmente con un charlatán, de esos que viajan de pueblo en pueblo ofreciendo curar enfermedades irremediables y resolver problemas insolubles. Le había confiado el secreto que le devolvió la lucidez a una loca joven considerada incurable. Los padres de la loca acudieron al hospedaje del charlatán como última esperanza, ya que el médico del pueblo y el sacerdote habían fracasado en sus intentos por sanarla.

El charlatán les dijo a los padres que lo dejarán solo con la joven. Al poco rato salió curada. Bueno, pero ¿cómo lo hizo? La joven hablaba irrefrenablemente y hacía lo que le daba la gana sin acatar ninguna amonestación. El charlatán la miró fijamente a los ojos y le aplicó un puñete que la privó al instante. Fue suficiente. Se despertó curada. Tal prodigio se difundió en el pueblo, numerosas personas formaban cola para ser atendidos. Pero esa es otra historia. Volvamos a la nuestra

Con ese halagador resultado ensayé, contraviniendo mis principios, la misma “medicina”. Pero no tuve el mismo éxito, sino todo lo contrario. Parlera trastabilló pero asimiló el golpe y renovó su stock verbal con armas de última generación. Tuve que soportar heroicamente un bombardeo de sobresaturación.

Sabía que estaba en inminente riesgo, pues las enfermedades mentales son más contagiosas que las enfermedades infecciosas. Tal como un dicho popular lo afirma: un loco hace cien locos. Llegado al punto límite, se me ocurrió algo insólito: pedirle ayuda a Beethoven.

Me explico. Como Parlera iniciaba sus peroratas desde que despertaba, coloqué mi toca casete debajo de nuestra cama, al alcance de mi mano, con la Novena sinfonía lista para ser escuchada. Apenas Parlera empezaba, yo activaba el toca casete y, Beethoven, me transportaba al paraíso. Me sentía libre y con renovada alegría. Estaba blindado. Ya Parlera podía decir lo que quisiera durante el tiempo que le apeteciera…. Y…. con el tiempo…. Parlera huía ante Beethoven como Drácula ante la cruz.

Díganme, ustedes, si no estaré agradecido a Beethoven que me salvó de la locura.


Primera versión: 26/05/2001
Última versión: 09/07/09
rengifoantonio@yahoo.com

http://www.youtube.com/watch?v=_-mvutiDRvQ
letra en alemán y su traducción:
O Freunde, nicht diese Töne!
Sondern laßt uns angenehmere anstimmen, und freudenvollere.

Freude, schöner Götterfunken
Tochter aus Elysium,
Wir betreten feuertrunken, Himmlische, dein Heiligtum. Deine Zauber binden wieder, Was die Mode streng geteilt; Alle Menschen werden Brüder, Wo dein sanfter Flügel weilt. Chor Wem der große Wurf gelungen, Eines Freundes Freund zu sein, Wer ein holdes Weib errungen, Mische seinen Jubel ein! Ja, wer auch nur eine Seele Sein nennt auf dem Erdenrund! Und wer´s nie gekonnt, der stehle Weinend sich aus diesem Bund! Chor Heute trinken alle Wesen An den Brüsten der Natur, Alle Guten, alle Bösen Folgen ihrer Rosenspur. Küsse gab sie uns und Reben, Einen Freund, geprüft im Tod. Wollust ward dem Wurm gegeben, Und der Cherub steht vor Gott. Froh, wie seine Sonnen fliegen Durch des Himmels prächtgen Plan, Laufet, Brüder, eure Bahn, Freudig wie ein Held zum Siegen. Seid umschlungen, Millionen! Diesen Kuss der ganzen Welt! Brüder - überm Sternenzelt Muss ein lieber Vater wohnen. Ihr stürzt nieder, Millionen? Ahnest du den Schöpfer, Welt? Such ihn überm Sternenzelt, Über Sternen muss er wohnen.


Oh amigos, dejemos esos tonos! ¡Entonemos cantos más agradables y llenos de alegría! ¡Alegría, hermoso destello de los dioses, hija del Elíseo! ¡Ebrios de entusiasmo entramos, diosa celestial, en tu santuario! Tu hechizo une de nuevo lo que la acerba costumbre había separado; todos los hombres llegarán a ser hermanos allí donde tu suave ala se posa. Coro Aquel a que la suerte ha concedido una amistad verdadera. quien haya conquistado a una hermosa mujer ¡una su júbilo al nuestro! Aún aquel que pueda llamar suya siquiera a un alma sobre la tierra. Más quien ni siquiera esto haya logrado, ¡que se aleje llorando de esta hermandad!
Coro Todos beben de alegría en el seno de la Naturaleza. Los buenos, los malos, siguen su camino de rosas. Nos dio besos, vino y un amigo fiel hasta la muerte; Voluptuosidad le fue concedida al gusano y al querubín la contemplación de Dios. Gozosos como vuelan sus soles, a través del formidable espacio celeste, recorred así, hermanos, vuestro camino gozosos como el héroe hacia la victoria.

¡Abrazaos millones de criaturas! ¡Qué un beso una al mundo entero! Hermanos, sobre la bóveda estrellada Debe habitar un Padre amoroso. ¿Os postráis, millones de criaturas? ¿No presientes, oh mundo, a tu Creador? Búscalo más arriba de la bóveda celeste ¡Sobre las estrellas ha de habitar!